Bobbi Relac, ya van llegando abrazos

Bobbi relac

A Bobbi Relac lo descubrimos hace unos años bajo el nombre de Oskar Benas, cuando durante unos meses fue colgando en Instagram referencias a diferentes discos autoproducidos durante su carrera, ligados a diferentes etapas vitales y a diferentes lugares en los que vivió. Fue un descubrimiento afortunado pero bastante tardío, porque para entonces el músico vasco ya había colaborado con gente como Fermin Muguruza, Atom Rhumba o Cabezafuego. Además, ilustraba sus propios trabajos y algunos ajenos (ahí quedan sus artworks para grupos como Capsula o Sex Museum). Hace un tiempo se transformó en Bobbi Relac, pero no ha sido difícil seguirle la pista: en estas fechas hace junto a Maika Makovski una de las giras más interesantes de lo que llevamos de año, la que presenta el disco Bunker Rococo (el 6 de febrero, por ejemplo en Barcelona), y en el tiempo que le queda también hace rodar su último trabajo en solitario, titulado IV (grabado en El Termo Estudios).

Como somos unos friquis de las portadas, lo primero que nos sorprendió de IV fue que no se abriera con una de sus ilustraciones, pero una vez escuchado, uno puede intuir que esa imagen de infancia era difícilmente sustituible. La primera y la última canción del disco nos hablan de padres (y madres) poco acostumbrados a la emotividad y con recuerdos en blanco y negro, algo que nos suena bastante. A ver, no es Bobbi un músico de letras festivas ni de estribillo fácil; hay que ponerle un poco de pausa a la cosa. Pero este IV vale la pena de verdad, tanto en las canciones más terrenales como en las más lisérgicas, donde parecen sonar cacharros indescifrables. Lo mejor: que aquí todo lleva su sello, desde los instumentos a la producción, el diseño, la promoción y, si hace falta, hasta la venta ambulante.

Y para escuchar:

‘JAIZKIBEL’. El arreglo poco ornamentado de este tema deja ver perfectamente su esqueleto interior. Un arpegio de guitarra que es la base perfecta para la melodía de la voz, unos cascabeles y una pandereta que en su conjunción suenan orgánicos y auténticos. Aromas de madera y metal que podrían retrotraernos a la primera etapa acústica de los T. Rex de Marc Bolan. Jaizkibel es un monte guipuzcoano y las imágenes y metáforas que van apareciendo estrofa a estrofa dibujan un entorno natural que casa con el aire folk del arreglo. Una canción para respirar hondo.