Quique González, mirada (no nostálgica) a lo vivido

Explica Quique González en las entrevistas de promoción de este nuevo disco, 1973, que el proyecto casi hace agua por culpa de diferentes contratiempos. El más importante tiene que ver con el proceso de grabación: Quique había ido a busca a Mark Howard, productor de grandísimas figuras como Bob Dylan, Tom Waits o Neil Young, para que produjese el disco, pero al parecer no hubo demasiado sintonía entre ambos, y cuando todas las canciones estaban ya grabadas, Quique y los suyos decidieron regrabar buena parte de ellas, ya que el sonido inicial no les convencía. En este disco, el número 16 de su carrera, cuenta con una nómina de músicos bien conocidos y con la colaboración extra de Gorka Urbizu. Todo ello para mantener la esencia del rock de raíz americana que Quique ha sabido mimar tan bien durante las últimas décadas, en esta ocasión con una vista (no nostálgica) al pasado y a las experiencias vividas desde 1973, su año de nacimiento.
El diseño del disco vuelve a ser de Fernando Maquieira, un colaborador habitual. Maquieira, que firma tanto las fotografías como el diseño, es un prestigioso fotógrafo con una docena de libos publicados a sus espaldas y exposiciones alrededor del mundo.
Y para escuchar:
‘S.T.U.O.P.E.T.’ Siempre se establece que el momento crítico y mágico de la composición de una canción es ese ejercicio de inspiración que permite crearla. Se suele valorar el momento de la producción como una ciencia más precisa, en la que las musas no tienen el mismo peso, pero el poner una intro de armónica o acelerar un tempo puede ser clave en la búsqueda de la excelencia. En este tema, se vislumbra que hay pocos azúcares añadidos al esqueleto inicial de la canción. Si acaso algún teclado etéreo y una leve pulsión rítmica de bombo al final. El resto recuerda a esos interludios de sus conciertos en los que Quique queda a merced de acústicas con sonido a madera. Esta joya pequeña pero brillante pensaríamos que habla de una atención amorosa que supera cualquier distracción superflua si no hubiese desvelado Quique que la destinataria de ese ojo siempre vigilante es su hija.










