Los Enemigos, pulsiones decibélicas

Decía Josele Santiago en su reciente biografía Desde el jergón que durante sus etapas en solitario acababa sintiendo una pulsión decibélica que le llevaba a añorar el sonido de los amplis a reventar de Los Enemigos. Esa suerte nos trajo la vuelta de un grupo tan inimitable como esencial, con una segunda vida iniciada con Vida inteligente en 2014 y que ahora prosigue bajo la edición de Mushroom Pillow con once canciones «chulas». Tenemos temas ásperos y otros más suaves pero la formación, este Mark II o III del grupo, suena engrasada, y las letras de Josele no eluden ni cielos ni infiernos, confirmando que si alguna vez existió un bloqueo creativo, el tapón se ha destapado derramando todo el cava.
La portada de Javier Peñalver, habitual colaborador gráfico de los últimos trabajos del grupo, la preside un faro iluminado. Esta imagen simboliza la importancia de las canciones, pues el faro es ese sustento que nos dan las canciones: la guía en un camino cada vez más oscuro.
Y para escuchar:
‘PUTO BLUES’. Mucho material de calidad superior y sin cortar en este nuevo disco dificulta elegir una sola canción. A cuenta de la reflexión que hace en sus memorias Josele, sobre que las canciones no son aceitunas ni los silencios huecos a rellenar con anchoa, la escogida resulta Puto Blues. Fiereza a la hora de afrontar un estribillo demoledor que va creciendo en tono a cada verso hasta llegar al clímax con un arreglo de Krahe a la solista. La temática va a la par, ya que entre corazones que duermen en cartones e invocaciones demoníacas, nos presenta a un alma presa en el infierno pero que, muy en la filosofía enemiga, no se muestra muy preocupada si su rock que antes asustaba ahora es baile de salón.










