‘Desde el jergón’. Toda una vida maldiciendo

En una entrevista del pasado mes de octubre Raül Refree explicava cómo hace algunos años le pidieron que cantara Desde el jergón en el funeral de un buen amigo, una persona joven y, como se puede intuir, gran seguidora de Los Enemigos. Cuando lo leí no sabía (o no recordaba) que Refree había sido el productor del disco de Josele Santiago Transilvania. Lo he descubierto ahora, leyendo el libro que el músico madrileño ha publicado recientemente, y que según las manos expertas que me lo vendieron, las de Joan Redolad (de la librería Sonora de Barcelona), será “el libro del año”. La anécdota de Refree, más allá de la parte truculenta que uno le pueda (o no) encontrar, sirve para señalar uno de los grandes temas que plantea Desde el jergón: cómo nacen las canciones y qué vida azarosa les espera. Por ejemplo, volviendo a la muerte, Josele explica en el libro el shok que le producía escuchar cómo la gente coreaba eufórica los versos de Septiembre, la historia de un suicidio tremendo. “Ya es septiembre y ya no voy a estar”. Hasta que entendió que la canción ya no era solo suya, había volado.
No sé si Desde el jergón será el libro del año, pero está plagado de aciertos. Josele es un tipo listo y me parece una gran idea haber estructurado los capítulos a partir de sus canciones. Le ha permitido trazar una larga lista de momentos, reflexiones, vivencias y batallas grandes y pequeñas de manera ágil, sin tener que meterse en líos narrativos y poniendo todo el acento en lo suyo: las canciones, la composición, la vida del rock. «Áspero y profundo. Conciso y descreído», describía Nando Cruz en su crítica para elDiario.es; un buen dibujo del tono que impregna estas 300 páginas. Para los morbosillos, decir que sí, Josele habla de adicciones, de depresión, de inseguridades y también de algunas convicciones profundas. Y sí, también de los desencuentros con el guitarrista enemigo Manuel Benítez, explicados aquí de manera cruda. Quien quiera mojar pan ahí, tiene material de sobra. También hay un robo a mano armada que no sabes si creerte o no, campos base que se van desplazando de Madrid hacia Galicia, País Vasco, Barcelona… actuaciones surrealistas, coincidencias nocturnas con toda la fauna de Malasaña (incluído el inolvidable Kike Turmix), algunos palos al ambientillo de La Movida, y un ipod que no para de sonar: de Ry Cooder a Jesus and Mary Chain pasando por Joan Manuel Serrat. Ah, y elogios a nuevos grupos como Carolina Durante, Camellos o Alcalá Norte. Puristas del ancho mundo, ya podemos bajar esa ceja.
Llevamos unos cuantos espóilers y es de justícia decir que son solo una pequeña punta de un libro repleto de tesoros para los fans de Los Enemigos y de Josele Santiago en particular. Nos queda hablar de las portadas, que es lo nuestro, y que también tienen su espacio en el libro. Desvelamos algunos detalles de cómo se gestaron algunos diseños:

– Un tío cabal. A Josele se lo ocurrió buscar imágenes de apisonadoras para describir el sonido de aquel trío en el que la batería todavía la ocupaba Artemio. Pero Paco Rubio pensó en un animal y todos se fueron al zoo a buscar ideas. “Cuando Paco Rubio apareció con aquella foto distorsionada y virada al azul, no me lo podía creer. El morlaco dejaba claras nuestras intenciones. Un portadón.”
– La vida mata. Explica Josele que en la versión cd, a alguien se le había ocurrido poner fotos de cementerios y lápidas en el libreto sin consultarle. “Afortunadamente, en el vinilo no hubo sorpresas y a Paco Rubio le ensusiasmó mi idea de poner en la portada dos helados despanzurrados contra el asfalto que se pierden por las cloacas sin tiempo a derretirse.”
– Vida inteligente. Esta vez Los Enemigos contaron con la colaboración de Santiago Bueno, un amigo del padre de Josele, una amistad que después pasó a ser “heredada”. Josele tenía en la cabeza el símbolo de una llave inglesa pesada, y Santiago lo plasmó con esta portada icónica: “Un trabajo acojonante, porque la llave pesa exactamente un huevo.”
– Sursum corda. En este caso, una portada que no hacía justícia a la calidad del disco: “Adecuando la portada a la historieta e incluyendo un libreto apañao, se le habría quitado ese estigma de disco menor. Pobre Sursum”
– Transilvania. En este disco ya en solitario, editado por Altafonte, Josele viajó al Pirineo francés junto al fotógrafo Alex Rademakers para realizar una sesión de fotos en la nieve. “Quería que el disco recordase a un cadáver: gris por fuera y rojo por dentro.”
Podría decirse que Desde el jergón no es un libro sobre la estrella sino más bien sobre el oficio. Las horas de ensayo, los conciertos buenos, malos y regulares, el proceso de composición, los momentos vitales que modulan las letras, la convivencia dentro del grupo… Y la determinación del que en un momento dado dice: yo del mundo del rock ya no me bajo.
Y para escuchar:
‘DESDE EL JERGÓN’. Aquella portada de los helados en el suelo daba paso a varios clásicos de Los Enemigos, pero Desde el jergón perdura por encima de todos en nuestras mentes. Una entrada de guitarra con la esencia enemiga, la voz de Josele bramando su mala suerte y un desarrollo con múltiples cambios sin estribillo claro pero que te afilia al instante. Habla sobre la soledad talegera, el desencanto y la derrota ante la injusticia pero sin rendición. En el universo de Josele ha quedado ese verso en el que sentencia: os maldigo.










