Las 3 portadas de discos de… Charlie Mysterio
Charlie Mysterio formó en la segunda mitad de los 80 el proyecto de pop Los Caramelos y desde entonces no ha sido fácil seguir los vaivenes de sus innumerables aventuras. Estuvo junto a Fernando Márquez El Zurdo en La Ruleta China, y pasó por otros grupos como Nebulosa, Os Peregrinos o Shadow Girls. Es también articulista, escritor (en 2022 publicó Mi fondo de armario, con Libros Walden) y melómano contrastado. De hecho, su último proyecto se podría encuadrar dentro de la investigación musical, ya que ha sido el coordinador del disco Joropop (Pshych Pop & Folk Venezuela 1968-1976) editado por Munster Records, en el que se reúnen «grabaciones ultrararas» de rock y folk venezolano. Charlie no solo se ha encargado de la elección de las canciones y de los textos de la carpeta sino también del arte gráfico. Le pedimos que nos hablase de tres portadas de discos especiales y la elección deja constancia de su amplio bagaje musical. Aquí están:

‘MUÑECA HINCHABLE’, DE LA ORQUESTA MONDRAGÓN (1979, EMI)
«La primera Orquesta Mondragón lo tenía absolutamente todo: imagen provocadora, humor sin tapujos, letristas insignes, un frontman irreverente, nómina de músicos de élite y ante todo grandes y memorables canciones. Un show de primera heredero directo de las orquestas legendarias (Carosone, Cugat, Pérez Prado, Ellington, Basie…) también del glam, los New York Dolls, el cabaret berlinés y la astracanada. Muñeca hinchable seducía inicialmente por su título y su deslumbrante portada. El equipo resultaba imbatible: Gurruchaga, Popocho, Haro Ibars, Iturralde, Vlady Bas, Stinus, Luis Alberto de Cuenca… e Iván Zulueta. Nunca lo superarían, ni en envoltorio ni en contenido. Zulueta, que además de genio del cine fue sobresaliente diseñador, captó a la perfección el espíritu anárquico, demoledor, ultrapop y renovador del surreal grupo, al tiempo que resumía en colores chillones toda la esencia de su debut. Diversión sin fin para un tiempo tristón monocromático. Los rebeldes mayores de mi barrio comentaban maravillas de los míticos directos de La Mondragón y tomábamos buena nota aguzando el oído, mientras echabas una partida al Pac Man o al Space Invaders en el bar local.»

‘I’M INSIDE HER’, DE LOS BICHOS (1991, Oihuka)
«El príncipe arrebatado del rock de brillantina, Josetxo Ezponda, llevaba desde el 78 metido hasta las cachas en fascinantes proyectos de culto (Tensión, Flores Muertas, Neon Provos….). Con Los Bichos rozó la gloria con sus dedos níveos. Efímera, puñetera y escurridiza, sí, pero gloria en magnéticas canciones que serán recordadas para siempre, tanto como su irrepetible carisma personal. Se sigue escribiendo sobre la cumbre infranqueable que es In Bitter Pink (en palabras del gran Alejo Alberdi, «en cuestión de guitarras no ha habido otro disco en la historia del pop nacional que haya sonado tan bien») . El arte gráfico rupturista, abigarrado y único de Jostexo (dentro y fuera del grupo) daría para un buen libro. Tengo especial cariño a este segundo single que salió del proverbial doble LP. Melódico y vertiginoso tema donde se esconden los mejores punteos de Charly: irresistible collage sonoro para un sencillo doblemente orgiástico. En portada, foto íntima de una ex de Josetxo (lo cual supuso amenaza de demanda con lógica retirada del single). Siempre al borde del abismo. Sin embargo, rezuma belleza por cada poro. Se trata de una fotografía realmente sofisticada, mítica, atemporal. Como una captura de un film de culto de los 60. Nocturna, en tonos verde sobre un fondo azul mar y sencilla tipografía del Rey Bicho, sin delitos de ornamento.
Equilibrio perfecto en la desmesura total del mítico grupo, ya en caída libre, que grababa sus últimas canciones. Muy cerca de aquel profético «así que esto es el fin».»

‘VÍRGENES ADOLESCENTES’ (1993, Triquinoise)
«Eros y Thanatos se dan cita en el extraño collage que ilustraba la portada de otro original doble; obra desgarradora, hipnótica, electrizante y genuinamente teen. Las adolescencias de entonces –qué demonios– eran bien aprovechadas, leídas y vividas. Vírgenes fue de lo más interesante que encontré en el Madrid alternativo de los 90. No es de extrañar que encontremos aquí colaboraciones jugosas como la de Carlos Desastre (713avo Amor). La perversa sonrisa de Pazuzu nos saluda heroica sobre una delicada piel más propia de Nabokov o Mishima. Un cóctel de ingenuidad, travesura y rabia donde hallar títulos sugerentes –sacrílegos y divertidos– como Vamos a llamar a Dios por teléfono.
Con una cuarta cara dedicada obsesivamente a un largo tema de cierre, algo que haría temblar de emoción al mismísimo Julian Cope. Todo un lujo. Lo que ayer era riesgo, hoy es carnaval.»










