Cálido como el mármol

Conociendo la música de Los Estanques y la personalidad del Canijo de Jerez, uno podía esperar que esa conjunción astral que es Lágrimas de plomo fundido nos transportaría a la fusión más primigenia de flamenco-rock y la psicodelia. Algo de eso hay en la colaboración que han mantenido el grupo cántabro y el antiguo miembro de Los Delinqüentes: en Mi despedida la guitarra flamenca cabalga sobre una percusión acelerada; en Ciclo Vital, una miscelania de más de cinco minutos, escuchamos el cante de José de los Camarones… Pero también encontramos otros sonidos más claramente garrapateros, un toque de funky, soul y homenajes tanto al flamenco-pop de los 70 como al rock urbano de los 80.

Si Los Estanques ya apostaron por el intercambio musical en Burbuja cómoda y elefante inesperado, grabado junto a Anni B. Sweet, El Canijo también es un asiduo de las aventuras colectivas: hace unos años se embarcó en un dúo junto a Juanito Makandé y este mismo año ha sacado disco con G-5. Ya sabéis: Kiko Veneno, Muchachito, Tomasito…

Por último, y no menos importante, vamos con la portada, que es obra del ilustrador Fran Rodríguez. Experto en imágenes espaciales, mezcla de ciencia ficción y materia orgánica, ha trabajado para grupos nacionales como Viva Suecia, Dorian, Els Amics de les Arts, Toundra o Pumuky, aunque su portada más famosa (incluso mítica, podríamos decir), es la del Pacific daydream de Weezer. Un detalle: pronto lo tendremos en nuestra sección Las 3 portadas de… y no os decepcionará.

Y para escuchar:

‘FUMATA GRUPAL’. Fruto de este acertado incesto entre Los Estanques y El Canijo de Jerez nacen temas como Fumata grupal, en el que se reflejan ambas influencias. En el disco aparecen pasajes que recuerdan a Triana, Smash, King Crimson o los Beatles, pero en esta llamada al porro colectivo, en esa entrada sinuosa con palmeo final y en esos coros amables del estribillo hemos visto trazas de aquel proto-rock andaluz de Los Módulos. En Fumata grupal la marca setentera puede estar en esa guitarra que se desboca y en las imágenes lisérgicas que describe. Canijo tiene algunas estrofas señaladas pero el peso de la voz lo lleva Iñigo, por lo que aquí la aportación delincuente estaría más en el concepto fiestero del tema, que invita a dejarse llevar por instintos hedonistas. «Súbete a mi colocón y vuela» admite pocas interpretaciones alternativas, por lo que sólo nos queda aceptar el reto.