Las tres portadas de discos de… Xavi Vendrell

Xavi Vendrell fue uno de los fundadores de BB Sin Sed, mítica banda nacida en los 80 con influencias del punk pero también del rockabilly y del country americanos. En 2020 impulsó un nuevo grupo llamado Sed de Mal con antiguos compañeros de viaje. Le pedimos que nos hablase de tres portadas de discos especiales y lo aprovecha para señalar tres de sus grandes influencias: «Para mí las tres patas del banco siempre han estado entre Estados Unidos, Inglaterra y Australia, así que eligiré la portada de un grupo que me cambió la vida de cada lugar (otros también lo hicieron, pero hoy no es el día)». Aquí están.

London Calling The Clash

‘LONDON CALLING’, DE THE CLASH (1979, CBS)
«Recuerdo perfectamente el día que me lo compré con 14 años en la tienda de discos de Sabadell, Albatros, que era dónde acudías cada semana a escuchar las últimas novedades. Creo que es una de las portadas más impactantes jamás realizadas: esa imagen de Paul Simonon destrozando el bajo y esa grafía que te llevaba a Elvis Presley. Tenía todo lo que yo sentía que era: la mala ostia del Punk y la mirada a lo clásico revisitada».

‘RECKONING’, DE R.E.M. (1984, IRS)
«Ya lo tenía en el radar pero tuve que esperar a que me lo trajeran de una excursión a Andorra ya que aquí no lo editaban. ¡Qué portada!: artística y psicodélica a más no poder como los cuatro universitarios que formaban el grupo, al igual que yo en ese momento. También tenían otra vez todo lo que más me gustaba: canciones sencillas y urgentes tocadas con mentalidad punk pero con un poso que te llevaba a los Byrds y a toda la tradición musical norteamericana».

‘FROM HER TO ETERNITY’, DE NICK CAVE & THE BAD SEEDS (1984, Mute Records)
«Lo compré al momento de salir; tenía amigos que ya flipaban con The Birthday Party pero yo no estaba especialmente interesado en ellos; además, uno no podía resistirse a una foto que se parecía tanto a mí; era como mirarme a un espejo. Y lo que contenía era abrasivo e infecto: canciones que retorcían estructuras de blues rural y una voz que aullaba en medio del caos. Todo parecía improvisado y genial. Lo más increíble fue que aterrizó en el 666 de Barcelona ese mismo año y lo pude ver en directo: otra volada de cabeza que dura hasta hoy».