Un poco de magia para retroceder al jazz de los sesenta

Portada de Brujería, de La Bien Querida

2019 / Hablábamos en el último post de Ana Fernández-Villaverde y de cómo aquella joven pintora que en 2004 ilustró las portadas de los recopilatorios de Extremoduro se acabó convirtiendo en La Bien Querida. Pues bien, hoy nos referimos a una portada suya, concretamente la del disco Brujería. La imagen, en la que Ana aparece de negro a punto de celebrar un rito satánico (con una vela y un gato negro incluídos) es un homenaje a un viejo disco de jazz de 1964: el Midnight creeper del saxofonista Lou Donaldson. «Esta portada ya la quise para mi primer disco [‘Romancero’] pero no salió, e igual no tenía que salir. Para este álbum la retomé y empezó todo a encajar, por las canciones, los hechizos…», explicaba hace algún tiempo en una entrevista a la revista Shangay.

La portada original (también aparecen el gato, la vela…) fue la primera en formato doble (la imagen se desplegaba en la contraportada del disco) que editó el mítico sello americano Blue Note. Una discográfica que no solo tuvo el mérito de editar algunos de los primeros discos de músicos como John Coltrane o Miles Davis sino que a nivel visual también creó una marca propia a través de portadas precisosas y avanzadas a su época. Incluso Andy Warhol colaboró con la compañía en los años 50.

Portada de Midnight Creeper de Lou Donaldson

En cuanto a Brujería, la fotografía de portada es de Pablo Zamora y el diseño del disco de Mario Rivière, que aporta unas ilustraciones preciosas. Músico en diversos grupos de la escena punk madrileña, como Muletrain o Silla eléctrica, Rivière también ha diseñado portadas para bandas americanas como Adolescents o Electric Frankenstein, prácticamente siempre de temática esotérica y monstruosa.

La canción

‘¿QUE?’. El inicio de la canción con ese redoble de caja de ritmos nos remite a los Cure más ochenteros. Da el contrapunto a la voz de Ana la colaboración de Diego de Carolina Durante. Respecto a la letra, resulta difícil discernir el hechizo que se esconde tras la canción, a no ser la ceguera que provoca el amor incondicional.