Josele Santiago, golondrinas tras carnavales


Las golondrinas de Josele Santiago

El propio Josele Santiago anunciaba la semana pasada en redes la reedición en vinilo de su primer disco en solitario, Las golondrinas etcétera (Virgin, 2003). Después de una larga trayectoria con un grupo de identidad tan peculiar como Los Enemigos, resultaba complicado encontrar un nuevo camino. Pero este disco sorprendió por lo clarividente de su música y sus letras. A muchos el nuevo Josele se nos apareció como un Tom Waits local que arrastraba su huella rockera hacia una sensibilidad más ácida e intimista. Además, estuvo bien arropado, ya que en la producción contó con Nacho Mastretta, uno de esos músicos que uno siempre querría tener en su equipo.

En cuanto a la portada y el resto del diseño del disco, Josele también se rodeó de algunos de los más grandes. Por una parte Javier Aramburu, el gran director de arte del rock estatal. Siempre suelen destacarse sus trabajos para Los Planetas o para los grupos de aquello que se llamó el Donosti Sound, pero el diseño de Las golondrinas etcétera también es brillante. Además, allí también participó Luis Baylón, cámara en mano. Cronista de La Movida y autor también de la foto de portada de Tras el último no va nadie de Los Enemigos, Baylón fue un prolífico maestro de la fotografía en blanco y negro. Hace pocas semanas murió, como recordaba Josele con cariño, aludiendo a sus «fotos borricas».

Y para escuchar:

TRAGÓN’. La transición entre los Enemigos garajeros y gamberros de sus primeros discos y el sonido embrutecido de su reunificación es este Josele más sutil y acústico. Sin embargo, este tema podría ser un buen puente entre ambas épocas. Sonido guitarrero del gran Pablo Novoa con la única licencia del arreglo de piano que marca Mastretta. En esta época Josele fue especialmente cuidadoso con las letras: aquí esboza el retrato de alguien que fagocita almas, y al que se le pide que escupa para no engullir adictos irredentos.