Las tres portadas de… Fernando Pardo (Sex Museum)


Escribiendo sobre portadas de discos, es normal que se te cruce por la mente Sex Museum. La banda madrileña, formada en 1985, ha sido siempre un ejemplo de persistencia y de distinción, no solo en lo musical sino también en la parte visual. Entre sus discos tenemos portadas como la de Thee fabulous furry, obra de Roberto Feo; la de Big city lies, de Pedro Poyatos; la de Musseexum, de Oskar Benas; algunas del gran Álvaro P-FF, como la de United o la del recopilatorio Fifteen Hits That Never Were, o incluso las de un par de singles diseñados por Óscar Mariné (Bailaré sobre tu tumba) o por el recientemente fallecido Joaquín Ladrón (The covers EP). Ahora hablamos con Fernando Pardo, guitarrista y compositor del grupo, y miembro también de Los Coronas, que escoge tres portadas de discos especiales:

'WHIPPED CREAM & OTHER DELIGHTS', DE HERB ALPERT'S TIJUANA BRASS (1965, A&M Records)

‘WHIPPED CREAM & OTHER DELIGHTS’, DE HERB ALPERT’S TIJUANA BRASS (1965, A&M Records)
«Uno de los discos de mis padres, que tenían una modesta pero variada colección de vinilos. Cuando se iban a ver al Atleti al Calderón, aprovechaba para entrar en el comedor donde estaba el tocadiscos y oirlos. Esa era una zona prohibida, no podíamos pasar allí y mucho menos escuchar sus discos, mi padre era muy suyo con sus cosas. Esta portada era como un imán para mis ojos infantiles, y ahora que lo he vuelto a buscar para reescucharlo, veo que sigue ejerciendo sobre mi el mismo poder magnético. El disco lo escuché un montón y me encantaba, un sonido muy de mediados de los 60, easy listening instrumental y con la trompeta como instrumento solista, el tipo de música que escuchaba a mediados de los 70 y que me tenía a un millón de kilómetros de la realidad musical de esa época.»

‘KNOCK ME OUT!’, DE THE VENTURES (1964, Dolton Records)
«De entre toda la música instrumental que le gustaba a mi padre, los Shadows eran mis favoritos porque rockeaban más, tenían más nervio y un sonido que me gustaba más que los discos de Herb Alpert, Al Caiola, Dave Brubeck o Ray Coniff, y buscando los Eps de los Shadows en el Rastro, en los puestos que había en la Plaza del Campillo, llegué a los Ventures. Uno de los vendedores, un tiarrón con tupé, viendo lo que solía comprar, me recomendo que escuchara a los Ventures y me encantaron. Flipé mucho con ellos, se lo dije y empezó a traerme todos los discos suyos que encontraba. Yo debía tener entonces unos 13 o 14 años.

Los Lps de los Ventures solían ser de importación y un poco más caros que el resto, pero fui pillando todo lo que se me ponía a tiro, poco a poco. A veces tardaba meses en conseguir el dinero para comprarlos, pero allí seguían, nadie parecía interesarse por ellos. En las contraportadas solían aparecer las portadas de otros discos suyos, en una foto pequeña a modo de reclamo. Estuve años viendo esta portada en la contraportada de los LPs de los Ventures que me iba comprando hasta que lo conseguí, bastante después, aunque la mayoría de las canciones que venían ya las había escuchado en discos recopilatorios. Otro detalle o que me tenía enganchado a los discos de los Ventures eran las guitarras Mosrite, de su propio modelo, que aparecian en las portadas y de las que hacían promoción. Sus discos de esa época eran una sobredosis de cosas chulas y me tenían totalmente enganchado.»

'THE SPECIALS' (Two-Tone, 1979)

THE SPECIALS’ (Two-Tone, 1979)
«No he mirado ninguna portada más tiempo y con atención que esta; las gafas de Jerry Dammers, los zapatos y el tipo de chaquetas que llevaban, los pantalones pitillo de traje dejando ver los calcetines blancos… El disco se lo pilló, nada más salir y de importación, el hermano mayor del amigo con el que oía música en el barrio, y lo gastamos a base de oirlo en bucle y sobar su portada mientras lo escuchábamos, fijandonos en cada detalle. Queríamos ser uno de ellos. Con este disco entré de cabeza en la new wave inglesa, el revival de ska, el punk y el rollo mod, que hasta entonces no me habían enganchado del todo; seguía pillando sobre todo discos de los 50s y 60s. A partir entonces empecé a consumir más música contemporánea que antigua. Fueron tres o cuatro años en los que, casi por única vez en mi vida, conecté con la música del momento plenamente. Y fue la hostia, los disfruté a saco.

Me pasaba horas mirando las portadas mientras oía los primeros discos de los Pretenders, Stray Cats, los Jam, Chesterfield Kings o Fuzztones, atento a cada detalle, al peinado, los instrumentos, la ropa… La imagen y el diseño de las portadas eran siempre la mitad de la ecuación cuando me decidía a comprar algún vinilo, y ni te cuento la cantidad de veces que la cagué precisamente por eso.»